SE ACABÓ

 

Lograron descansar después de muchas noches en vela, por

sentir el miedo de ser el siguiente. Atentos cada minuto, cualquier

ruido fuerte exaltaba, si sentían una respiración agitada el cuerpo se

preparaba para salir corriendo.

 

Quizá si se duerman, de repente, en la pierna o en el brazo

sientan los colmillos rompiendo la piel y ésta se eriza cuando ven en

frente el reflejo de lo que va a suceder. Sienten de pronto que se

llena de saliva la garganta, la ira en la sangre se hace espuma que

se derrama gota a gota por la boca.

 

Ahora ya pueden descansar.

 

Muerto el perro, se acabó la rabia.

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